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Rehabilitación de lesiones en deportistas y atletas

La recuperación de una lesión deportiva es un proceso orientado a que el deportista vuelva a entrenar y competir con las mejores garantías posibles. No se trata únicamente de que desaparezca el dolor, sino de recuperar la capacidad funcional necesaria para afrontar las exigencias de cada deporte.

Cada lesión presenta unas características diferentes y cada persona responde de forma distinta al proceso de recuperación. Por ello, es importante adaptar el trabajo a las necesidades individuales del deportista, respetando los tiempos de adaptación de los tejidos y la evolución de los síntomas.

El objetivo final es favorecer una vuelta progresiva a la actividad deportiva, minimizando el riesgo de recaídas y ayudando al deportista a recuperar la confianza en sus capacidades físicas.

Tipos de lesiones deportivas

Las lesiones deportivas pueden producirse de forma repentina o desarrollarse progresivamente con el paso del tiempo. Conocer su origen ayuda a comprender mejor el proceso de recuperación y a planificar adecuadamente la vuelta a la actividad.

Lesiones por traumatismo o accidente

Son lesiones que aparecen tras una caída, un golpe, una colisión o un movimiento brusco. Son frecuentes en deportes de contacto como el fútbol, el rugby o las artes marciales.

Pueden afectar a músculos, ligamentos, tendones, huesos o articulaciones y suelen producir síntomas de forma inmediata.

Lesiones por sobrecarga o repetición

Son lesiones que aparecen por la repetición continuada de movimientos o por una acumulación excesiva de carga sobre una estructura determinada.

Suelen observarse en corredores, ciclistas, nadadores o deportistas que realizan gestos repetitivos durante largos periodos de tiempo.

En estos casos, la recuperación suele requerir no solo mejorar el estado de los tejidos afectados, sino también revisar los factores que han contribuido a la aparición del problema, como la carga de entrenamiento, la técnica deportiva o los periodos de descanso.

Plan de recuperación deportiva

La recuperación de una lesión deportiva debe adaptarse a las características de cada persona, al tipo de lesión y a las exigencias propias de la actividad que practica.

El objetivo no es únicamente aliviar los síntomas, sino recuperar la capacidad funcional necesaria para que el deportista pueda volver a entrenar y competir con seguridad.

Para ello, es importante tener en cuenta que la vuelta a la actividad deportiva debe realizarse de forma progresiva. Cada tejido necesita unos tiempos de adaptación y cada deportista responde de manera diferente al proceso de recuperación.

Un plan de recuperación bien estructurado busca:

  • Favorecer la recuperación de la función de la zona afectada.
  • Recuperar la movilidad, la fuerza y la coordinación.
  • Mantener la condición física general durante el proceso.
  • Reducir el riesgo de recaídas.
  • Preparar al deportista para las demandas específicas de su deporte.

La evolución debe valorarse de forma individual, teniendo en cuenta tanto la respuesta física como la capacidad del deportista para tolerar las cargas de entrenamiento y competición.

Por este motivo, la recuperación no debe centrarse únicamente en la lesión, sino en la persona en su conjunto y en los objetivos que desea alcanzar al regresar a la práctica deportiva.

Enfoque multidisciplinar en la recuperación deportiva

La recuperación de una lesión deportiva suele requerir la participación de varios profesionales que trabajan de forma coordinada. Cada uno aporta una visión diferente y cumple una función concreta dentro del proceso.

En mi caso, antes de estudiar los seis años de Osteopatía cursé los cuatro años de Fisioterapia. Por ello, entiendo la recuperación del deportista desde ambos enfoques y considero que cada profesional tiene un papel importante en el momento adecuado.

Durante la fase aguda de una lesión, el fisioterapeuta suele tener un papel fundamental. Su trabajo consiste en ayudar a reducir el dolor, mejorar la movilidad, disminuir la tensión muscular y favorecer que el cuerpo vaya recuperando progresivamente su función normal. También interviene en la fase subaguda, acompañando al deportista en las primeras etapas de la recuperación.

A medida que el dolor disminuye y el deportista recupera capacidad funcional, el preparador físico adquiere un papel cada vez más importante. Su objetivo es reintroducir las cargas de trabajo de forma progresiva, recuperar las capacidades físicas necesarias para el deporte y preparar al atleta para volver a entrenar y competir con seguridad.

Por otro lado, la Osteopatía aporta una visión global del cuerpo. Su objetivo no es únicamente ayudar durante la recuperación, sino también identificar posibles desequilibrios que puedan favorecer la aparición de lesiones o recaídas. Un cuerpo que distribuye las cargas de forma más eficiente suele adaptarse mejor a las exigencias del entrenamiento y la competición.

Sin embargo, por encima de cualquier técnica o especialidad, existe un aspecto fundamental: el trabajo en equipo. Del mismo modo que ocurre en un equipo deportivo, todos los profesionales deben trabajar en la misma dirección y compartir un objetivo común.

El protagonista de todo el proceso no es el fisioterapeuta, ni el osteópata, ni el preparador físico. El verdadero objetivo es la recuperación del deportista y su vuelta a la actividad física en las mejores condiciones posibles.

Principios de la recuperación deportiva

Siempre digo que una lesión o una patología es una falta de comunicación. El cuerpo lleva tiempo enviando señales de que algo no va bien, pero muchas veces el deportista no sabe interpretarlas correctamente. Es normal, porque no tiene por qué ser un conocedor de la anatomía ni de la fisiología humana.

El problema aparece cuando esas señales se ignoran y se sigue entrenando como si nada ocurriera. En ese momento, el sistema nervioso está avisando de que existe una sobrecarga, una limitación o una alteración que necesita ser valorada. Por ello, cuando aparecen los primeros síntomas, es recomendable acudir a un profesional que pueda interpretar esas señales y orientar correctamente el proceso de recuperación.

Respetar los tiempos de recuperación

Uno de los errores más frecuentes consiste en intentar volver demasiado rápido a la actividad deportiva. Sin embargo, las fases de recuperación son insalvables y cada tejido necesita un tiempo determinado para adaptarse y recuperarse.

Además, es importante entender que el alta médica no es lo mismo que el alta deportiva. Una persona puede encontrarse clínicamente recuperada y, sin embargo, no estar preparada todavía para soportar las exigencias físicas de su deporte. Por eso, el regreso a la actividad debe seguir una progresión adecuada.

El dolor como señal de alarma

El dolor es una herramienta de información. Es la señal que utiliza el organismo para avisarnos de que algo necesita atención.

No se trata de entrenar todos los días acumulando dolor y esperando que desaparezca por sí solo. Lo importante es valorar correctamente qué tipo de dolor aparece, cuándo lo hace y cómo evoluciona con la actividad física.

Un profesional puede ayudarte a interpretar esas señales y determinar si la evolución es favorable o si es necesario modificar la carga de entrenamiento.

Cuándo aumentar la carga de trabajo

Las cargas deben incrementarse de forma progresiva. El objetivo no es avanzar más rápido, sino avanzar mejor.

A medida que el cuerpo recupera capacidad funcional, tolera mejor los esfuerzos y responde adecuadamente a los entrenamientos, se pueden introducir nuevos estímulos y aumentar gradualmente la exigencia física.

La progresión debe construirse sobre las mejoras obtenidas día a día y no sobre momentos puntuales de euforia o sensación de bienestar.

Señales de que vas por buen camino

Cuando la recuperación evoluciona correctamente, el propio deportista suele percibirlo. Aparece una sensación de confianza, mejora el rendimiento, disminuyen las limitaciones y el cuerpo responde mejor a los esfuerzos realizados.

Esa percepción de mejora progresiva suele ser una de las mejores señales de que el proceso avanza en la dirección adecuada.

Señales de que te estás equivocando

Las lesiones rara vez aparecen de forma repentina. En la mayoría de los casos vienen precedidas por una fase de sobrecarga.

Esa sobrecarga suele manifestarse mediante tensión muscular excesiva, fatiga persistente, dificultades para descansar correctamente, sensación de rigidez, pérdida de movilidad o disminución del rendimiento deportivo.

Me gusta compararlo con la alimentación. Cuando comemos mucho más de lo que necesitamos, nos sentimos pesados y embotados. Con el entrenamiento ocurre algo parecido: cuando acumulamos más carga de la que nuestro cuerpo puede tolerar, aparece la sobrecarga.

Por ello, la prudencia y el sentido común deben acompañar siempre al deportista durante todo el proceso de recuperación.

Componentes generales de la recuperación deportiva

Para que una recuperación deportiva tenga éxito, es fundamental entender que cada día del proceso es diferente. La evaluación debe ser constante porque el estado de una persona hoy puede no tener nada que ver con cómo se encontraba hace tres días o cómo se encontrará dentro de una semana.

Por ello, una de las primeras preguntas que debemos hacernos es: ¿cómo me encuentro hoy? El propio cuerpo nos va proporcionando información sobre su evolución y sobre su capacidad para tolerar las cargas que le vamos exigiendo.

Control del dolor

Cuando se produce una lesión, el organismo pone en marcha mecanismos de protección. Uno de ellos consiste en aumentar la tensión de determinadas estructuras para limitar el movimiento y proteger la zona afectada.

El dolor forma parte de ese sistema de alarma. No debe interpretarse como un enemigo, sino como una señal que nos indica hasta dónde podemos progresar en cada momento. Aprender a escuchar esas señales y valorarlas correctamente permite adaptar la recuperación a las necesidades reales de cada deportista.

Movilidad

La movilidad es importante, pero no debemos entenderla como el único objetivo del tratamiento. Más importante que tener mucha movilidad es conseguir que exista una movilidad equilibrada entre las diferentes partes del cuerpo.

Cuando una articulación pierde movimiento, otras estructuras suelen verse obligadas a compensar y trabajar más de la cuenta. Con el tiempo, estas compensaciones pueden aumentar el riesgo de sobrecargas y lesiones.

Por ello, buscamos que exista una movilidad armónica y equilibrada entre ambos lados del cuerpo, permitiendo que las cargas se distribuyan de una forma más eficiente.

Fuerza y estabilidad

La fuerza es uno de los pilares fundamentales de la recuperación deportiva. Una estructura fuerte suele ser también una estructura más estable y mejor preparada para soportar las exigencias del entrenamiento y la competición.

Me gusta compararlo con una escalera. Una escalera sólida proporciona estabilidad y seguridad. Del mismo modo, nuestro cuerpo necesita una base fuerte sobre la que apoyarse para poder moverse de forma eficiente.

Especialmente importante es el papel de la musculatura estabilizadora, encargada de proteger las articulaciones y aportar control durante el movimiento.

Propiocepción y control corporal

La propiocepción es la capacidad que tiene nuestro organismo para saber dónde se encuentra cada parte del cuerpo en el espacio y cómo se está moviendo.

Después de una lesión, esta capacidad puede verse alterada. Por ello, es importante trabajar ejercicios que ayuden al deportista a recuperar el control del movimiento, mejorar la coordinación y aumentar la confianza en la zona lesionada.

Recuperación de los gestos deportivos

A medida que la recuperación avanza, es necesario volver progresivamente a los movimientos específicos del deporte que practicamos.

El objetivo es que el cuerpo recupere los patrones de movimiento que ya tenía automatizados antes de la lesión. Por este motivo, durante la recuperación suele ser más útil trabajar sobre los gestos propios del deporte habitual que intentar introducir actividades completamente nuevas.

La importancia del aspecto mental

La recuperación no es únicamente física. La actitud con la que afrontamos el proceso influye de forma importante en la evolución.

La constancia, la paciencia y la capacidad para superar las dificultades forman parte del camino de cualquier deportista lesionado. Del mismo modo que ocurre en otros ámbitos de la vida, la fortaleza mental ayuda a mantener el compromiso con el proceso y a seguir avanzando incluso cuando los progresos son más lentos de lo esperado.

Fases de la recuperación de lesiones deportivas

Fase inicial

La fase inicial comienza inmediatamente después de la lesión. Lo primero que debe comprender el deportista es que el cuerpo siempre intenta protegerle. Si una articulación o una estructura se bloquea, no lo hace por casualidad. Es una respuesta de defensa para evitar que la lesión empeore y para dar tiempo a los tejidos a iniciar su proceso de recuperación.

Siempre explico a mis pacientes que el organismo es mucho más inteligente de lo que pensamos. Cuando detecta que una estructura no está preparada para soportar determinadas cargas, limita el movimiento y activa mecanismos de protección. Nuestro trabajo consiste en respetar ese proceso y ayudar al cuerpo a recuperar la normalidad de forma progresiva.

Uno de los errores más frecuentes en esta fase es intentar ignorar las molestias y seguir entrenando como si no hubiera ocurrido nada. Muchos deportistas piensan que se trata de una pequeña molestia que desaparecerá sola, pero en numerosas ocasiones esa decisión termina prolongando el problema o aumentando el riesgo de recaída.

Durante estos primeros días es fundamental mantener un contacto estrecho con el fisioterapeuta. La fase inicial corresponde principalmente al tratamiento fisioterapéutico, ya que el objetivo es controlar la inflamación, aliviar el dolor y favorecer que las estructuras recuperen progresivamente su movilidad normal.

En esta etapa, el fisioterapeuta puede ayudar mediante técnicas manuales y movilizaciones suaves que aportan información al sistema nervioso y facilitan que el cuerpo vaya abandonando poco a poco ese estado de protección excesiva. Paralelamente, el deportista debe comenzar a recuperar el movimiento de forma activa y progresiva, siempre respetando las sensaciones que le transmite su cuerpo.

La principal señal de que vamos por buen camino es que cada día somos capaces de realizar más movimientos con mayor comodidad y confianza, sin provocar un aumento significativo de las molestias. La recuperación no suele producirse de un día para otro, sino mediante pequeños avances que, sumados, permiten volver progresivamente a la actividad física.

Fase intermedia

La fase intermedia es probablemente la fase más importante de toda la recuperación deportiva. Es el momento en el que el deportista deja atrás la fase de protección inicial y comienza a recuperar progresivamente la confianza en su cuerpo.

Durante la fase inicial, el organismo ha intentado proteger la estructura lesionada mediante mecanismos de defensa que limitan el movimiento y reducen la capacidad de realizar determinados esfuerzos. A medida que la recuperación avanza, el sistema nervioso comienza a permitir poco a poco que esa estructura vuelva a participar de forma más activa en el movimiento.

Siempre explico que el cuerpo no pasa de estar bloqueado a estar completamente recuperado de un día para otro. Existe una etapa de transición en la que va permitiendo progresivamente más movilidad, más carga y más capacidad funcional.

En esta fase, el deportista adquiere un papel protagonista. Ya no se trata únicamente de recibir tratamiento, sino de comenzar a realizar de forma activa los ejercicios pautados para recuperar la movilidad, la fuerza, la coordinación y la confianza en el movimiento.

El trabajo debe realizarse de forma progresiva, con sentido común y respetando siempre las señales que transmite el cuerpo. El objetivo no es avanzar rápido, sino avanzar de forma segura y constante.

Durante esta etapa, la coordinación entre el fisioterapeuta y el preparador físico resulta fundamental. El fisioterapeuta continúa supervisando la evolución de la lesión y ayudando a recuperar la funcionalidad de la estructura afectada, mientras que el preparador físico comienza a introducir ejercicios cada vez más específicos y adaptados a las necesidades del deportista.

Por este motivo, considero que esta es una de las fases más delicadas de todo el proceso. El deportista debe trabajar muy cerca de ambos profesionales para saber qué puede hacer, qué debe evitar y cómo progresar adecuadamente.

La principal señal de que la recuperación avanza correctamente es que cada semana el deportista percibe una mejora real en sus capacidades. Aparece más movilidad, más control, más fuerza y una mayor confianza para realizar movimientos que anteriormente generaban limitaciones o inseguridad.

Esta progresión gradual es la que permitirá llegar posteriormente a la fase final de recuperación y prepararse para volver a entrenar y competir con garantías.

Fase final

La fase final de la recuperación comienza cuando la lesión está prácticamente resuelta desde el punto de vista clínico, pero el deportista todavía no está preparado para competir al máximo nivel.

Siempre explico que existe una diferencia importante entre el alta médica y el alta deportiva. El hecho de encontrarse bien o haber desaparecido el dolor no significa necesariamente que el cuerpo esté preparado para soportar las exigencias reales de la competición.

Durante esta etapa entramos en la fase de entrenamiento funcional. El objetivo consiste en aumentar progresivamente el volumen de trabajo, la intensidad, la fuerza, la potencia y la capacidad de rendimiento hasta acercarnos nuevamente al nivel previo a la lesión.

A lo largo de la recuperación, el deportista suele trabajar con porcentajes reducidos de rendimiento. En esta fase final buscamos que vaya recuperando gradualmente todas sus capacidades físicas hasta alcanzar su máximo potencial de forma segura y controlada.

El papel principal corresponde al preparador físico, que será el encargado de planificar la progresión de cargas y adaptar los entrenamientos a las necesidades específicas de cada deporte. El deportista debe volver a enfrentarse poco a poco a las situaciones reales que encontrará posteriormente en la competición.

Uno de los errores más frecuentes es pensar que encontrarse bien equivale a estar preparado para competir. Sin embargo, existe un paso intermedio muy importante: demostrar en el entrenamiento que el cuerpo tolera correctamente los esfuerzos, los cambios de ritmo, las aceleraciones, los gestos técnicos y las exigencias propias de cada disciplina deportiva.

Por este motivo, antes de regresar a la competición es recomendable probarse progresivamente en el entorno habitual de entrenamiento: el campo de fútbol, la pista de atletismo, la pista de pádel o cualquier escenario donde el deportista desarrolla normalmente su actividad.

La prevención de recaídas también juega un papel fundamental. Una lesión debe servir para aprender qué factores han contribuido a su aparición y qué hábitos pueden ayudar a reducir el riesgo de que vuelva a repetirse.

En mi experiencia, el cuerpo suele avisar antes de que aparezca una nueva lesión. La pérdida de movilidad, las diferencias de carga entre ambos lados del cuerpo o las sensaciones de sobrecarga suelen ser señales que conviene escuchar y valorar a tiempo.

Por ello, siempre he defendido que el trabajo debe buscar el equilibrio global del cuerpo. No se trata únicamente de recuperar una estructura concreta, sino de conseguir que ambas piernas, ambos brazos y todas las cadenas musculares trabajen de forma coordinada y eficiente para repartir correctamente las cargas durante la práctica deportiva.

Vuelta a la actividad deportiva

La vuelta a la actividad deportiva es un momento delicado y, al mismo tiempo, muy esperado por el deportista. Tras semanas o meses de recuperación, el cuerpo se siente preparado, las sensaciones son buenas y aparece la tentación natural de querer volver al nivel anterior cuanto antes.

Sin embargo, regresar a la práctica deportiva no consiste únicamente en sentirse bien. Las sensaciones son una buena guía, pero no deberían ser el único criterio para tomar la decisión.

Criterios objetivos para volver a entrenar y competir

Siempre explico que existen dos tipos de información que debemos tener en cuenta: la que aporta el propio deportista a través de sus sensaciones y la que obtenemos mediante una valoración funcional objetiva.

La valoración funcional permite comparar el lado lesionado con el lado contralateral para comprobar que existe una simetría adecuada en movilidad, fuerza y control del movimiento. También permite valorar si el deportista es capaz de tolerar correctamente los gestos específicos de su deporte sin desencadenar molestias ni alteraciones del patrón de movimiento.

En mi experiencia, cuando las sensaciones del deportista, la valoración funcional y la respuesta a los entrenamientos coinciden en la misma dirección, suele ser una buena señal para avanzar hacia el regreso a la competición.

Retorno escalonado: del entrenamiento al partido

El regreso a la actividad no debería producirse de forma directa. Lo recomendable es respetar una progresión que permita al cuerpo adaptarse gradualmente a las exigencias reales de la competición.

Una progresión razonable puede incluir, en este orden:

  • Entrenamiento individual específico del deporte, sin la presión del grupo.
  • Incorporación al entrenamiento colectivo, con cargas adaptadas y supervisión cercana.
  • Participación parcial en sesiones de mayor intensidad, controlando los minutos y la exigencia.
  • Competición amistosa o de menor nivel antes que la competición habitual.
  • Vuelta progresiva al ritmo competitivo pleno cuando el cuerpo demuestra que tolera bien las exigencias previas.

Cada paso de esta progresión es una oportunidad para comprobar cómo responde el cuerpo y ajustar la siguiente etapa.

La cabeza también vuelve a competir

Una parte importante del regreso es psicológica. Es habitual que aparezca una cierta inseguridad o miedo a recaer en los primeros entrenamientos exigentes. Esto es completamente normal y forma parte del proceso.

Lo que vemos en consulta es que esa confianza se recupera mediante la propia experiencia. Cuando el deportista comprueba que su cuerpo responde adecuadamente al esfuerzo, los gestos técnicos vuelven a salir con naturalidad y la zona lesionada deja de ocupar el primer plano de sus pensamientos durante la práctica deportiva.

Por ello, las primeras sesiones de vuelta deberían realizarse en un entorno controlado y con cierta tranquilidad, sin la presión añadida de un resultado importante.

La importancia de comunicar lo que se siente

Por último, considero fundamental que el deportista mantenga una comunicación honesta con el equipo técnico durante todo el proceso de retorno. No se trata de ocultar molestias para evitar perder minutos de juego, sino de transmitir la información real que permita a fisioterapeutas, preparadores físicos y entrenadores tomar las mejores decisiones.

La vuelta a la actividad no es el final del proceso. Es, en realidad, una nueva etapa en la que el deportista debe seguir cuidándose, prestando atención a las señales de su cuerpo y aprendiendo de la lesión para reducir el riesgo de que vuelva a repetirse.

Seguimiento y control de la evolución

Una de las cosas más importantes que debe entender cualquier deportista es que la recuperación no se mide únicamente por el paso del tiempo. No porque hayan pasado dos semanas o dos meses significa que todos los deportistas se encuentren en el mismo punto.

Siempre digo que el cuerpo va hablando continuamente. Nos va enviando información sobre cómo responde a las cargas, cómo tolera los entrenamientos y cómo se adapta a cada una de las fases de la recuperación.

Por este motivo, el seguimiento debe realizarse de forma constante. No se trata únicamente de valorar la lesión inicial, sino de observar cómo evoluciona el deportista en cada momento del proceso.

Algunas señales nos indican que vamos por buen camino: la disminución progresiva de las molestias, una mayor movilidad, más confianza en los movimientos y una mejor tolerancia a las cargas de entrenamiento. Sin embargo, también existen señales que nos avisan de que debemos ser prudentes, como la aparición de sobrecargas, la pérdida de movilidad, la fatiga excesiva o la reaparición de molestias que ya parecían superadas.

En mi experiencia, muchas recaídas no aparecen de forma repentina. El cuerpo suele avisar antes. El problema es que, en ocasiones, no prestamos atención a esas señales o intentamos seguir avanzando más rápido de lo que nuestra capacidad de adaptación permite.

Por ello, considero fundamental que el deportista mantenga una comunicación constante con los profesionales que le acompañan durante la recuperación. La información que aporta el propio paciente, junto con la valoración del fisioterapeuta y del preparador físico, permite ajustar las cargas de trabajo y tomar decisiones más acertadas en cada momento.

El objetivo final no es únicamente volver a practicar deporte. El verdadero objetivo es volver en las mejores condiciones posibles y con los conocimientos necesarios para reducir el riesgo de futuras recaídas.

Al fin y al cabo, una lesión también puede convertirse en una oportunidad para conocer mejor nuestro cuerpo, aprender a interpretar sus señales y desarrollar hábitos que nos ayuden a rendir mejor y durante más tiempo.

Preguntas frecuentes sobre la recuperación de lesiones deportivas

¿Cuánto tiempo tarda en recuperarse una lesión deportiva?

No existe una respuesta única. El tiempo de recuperación depende del tejido lesionado, de la gravedad de la lesión, del estado físico del deportista y de cómo responda el organismo al tratamiento y al ejercicio terapéutico.

¿Es normal sentir dolor durante la recuperación?

El dolor es una señal que nos informa de cómo está respondiendo el cuerpo. No siempre significa que exista un problema grave, pero sí debe ser valorado para saber si la carga de trabajo es adecuada o si es necesario modificar el proceso de recuperación.

¿Puedo volver a entrenar cuando desaparece el dolor?

No necesariamente. La desaparición del dolor es un paso importante, pero no siempre significa que el tejido esté preparado para soportar las exigencias del entrenamiento o la competición. Por ello es importante diferenciar entre alta médica y alta deportiva.

¿Qué ocurre si vuelvo demasiado pronto al deporte?

Aumenta el riesgo de recaídas, sobrecargas y nuevas lesiones. Respetar las fases de recuperación ayuda a que el regreso a la actividad física sea más seguro y progresivo.

¿Es mejor reposo absoluto o seguir moviéndose?

Depende del tipo de lesión y del momento de la recuperación. En muchos casos, el movimiento adecuado y supervisado favorece una mejor evolución que el reposo prolongado.

¿Por qué vuelvo a lesionarme siempre en la misma zona?

Cuando una lesión reaparece con frecuencia suele ser recomendable analizar no solo la zona dolorosa, sino también los factores que pueden estar favoreciendo la recaída, como desequilibrios musculares, alteraciones del movimiento, exceso de carga o una recuperación incompleta.

¿Qué papel tiene la Osteopatía en la recuperación deportiva?

La Osteopatía aporta una visión global del cuerpo y puede ayudar a mejorar la distribución de cargas entre las distintas estructuras, favoreciendo tanto la recuperación como la prevención de futuras lesiones.

¿Cómo sé si estoy progresando correctamente?

Normalmente el propio deportista lo percibe. Mejora la movilidad, aumenta la confianza en los movimientos, disminuyen las molestias y el cuerpo responde mejor a los esfuerzos realizados sin generar nuevas sobrecargas.

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