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Transmision de fuerzas desde el pie hacia la columna durante la marcha, cadena cinetica ascendente, Clinica Javier de la Nuez, Mairena del Aljarafe

¿Me duele la espalda pero me tratan el pie? Así es la cadena ascendente en osteopatía

Contenido

El pie es la base sobre la que se apoya todo el cuerpo. Cuando pierde movilidad o estabilidad, la causa inicial puede deberse a un mal apoyo por problemas del pie.

En este artículo trato de explicar qué es lo que describo como cadena ascendente. Mi método se basa en ello, por lo que trataré de explicarle cómo procedo, para que pueda entender el porqué, a pesar de venir por un dolor a nivel cervical, le trato el pie, la rodilla o la cadera.

Cadena ascendente: como las fuerzas mecanicas viajan desde el pie hasta el cuello, explicado por Javier de la Nuez, osteopata y fisioterapeuta en Mairena del Aljarafe

Cadena ascendente: como las fuerzas mecanicas viajan desde el pie hasta el cuello, explicado por Javier de la Nuez, osteopata y fisioterapeuta en Mairena del Aljarafe

Lo más importante en este enfoque es detectar qué zona se mueve menos o tiene alterada su función, por lo que no se mueve correctamente o quizás no se mueva. En este artículo les pondré un caso real que les ayudará a entender este enfoque.

Piensa que todos los osteópatas crujimos las cervicales y demás estructuras. ¿A usted no le gusta que le crujan? No hace falta; yo, particularmente, soy cada vez menos partidario de tener que crujir estructuras. La práctica clínica, después de muchos años, me ha demostrado que es mejor ser más conservador.

A la pregunta de ¿por dónde empieza un osteópata el tratamiento? le responderé que lo primero es escuchar detenidamente al paciente. He de descifrar, en lo que me cuenta, dónde puede estar la causa inicial del problema.

Mediante las valoraciones que le realizaré en consulta, desde la inspección al estar de pie hasta el estudio de la pisada, si creo que tiene una descompensación que puede estar facilitando el problema, tengo que recabar información para saber por dónde empezar el tratamiento.

Le digo que mi enfoque es particular, y permítame que le diga «propio», como consecuencia de lo que he estudiado, vivido como deportista y observado a lo largo de los años tratando a pacientes.

¿Qué diferencias existen con la quiropraxia?

Le voy a responder por lo que veo y entiendo que marca las diferencias entre ambos profesionales. Si algún quiropráctico me lee, quiero que entienda que respeto a todos los demás profesionales; yo nunca he acudido a un quiropráctico, pero entiendo que hay marcadas diferencias. Por ello son profesiones distintas, ¿verdad?

Nosotros no solo nos centramos en la columna vertebral: lo hacemos, como fisioterapeutas que somos, sobre todas las estructuras del cuerpo. Pero, a diferencia de los fisioterapeutas que no están especializados o no han realizado el postgrado de osteopatía, tratamos el cuerpo como una unidad funcional.

«Si me duele la espalda, ¿por qué me está mirando el pie?»

Es una reacción completamente normal. Durante muchos años nos han enseñado a pensar que el problema siempre se encuentra donde aparece el dolor. Sin embargo, la experiencia clínica y la investigación científica nos muestran que el cuerpo humano funciona de una forma mucho más compleja.

Las articulaciones, los músculos, los ligamentos y el sistema nervioso trabajan de manera coordinada para que podamos caminar, correr o simplemente mantenernos de pie. Cuando una de esas estructuras deja de cumplir correctamente su función, otra tendrá que adaptarse para mantener el movimiento.

Les voy a poner un ejemplo muy habitual en consulta. Y, en este caso, como no podía ser de otra manera, la alteración empieza en los pies. Es frecuente porque el pie es la base de apoyo del cuerpo y, si hay una alteración, esta repercutirá en todo el cuerpo.

Valoracion del varo de calcaneo y alineacion del retropie en consulta de osteopatia, Clinica Javier de la Nuez, Mairena del Aljarafe

Valoracion del varo de calcaneo y alineacion del retropie en consulta de osteopatia, Clinica Javier de la Nuez, Mairena del Aljarafe

En esta imagen se observan unos calcáneos o talones de un paciente en consulta. ¿Observa si los pies están rectos o presentan alguna alteración o curva?

Este caso suele ser habitual en consulta. El paciente acude por dolor en una rodilla, diciendo que el dolor se centra en la rodilla derecha. Y, al preguntarle si antes había tenido molestias en la rodilla izquierda, su respuesta es que eso ya fue hace tiempo, pero que ahora solo le dolía la derecha.

Pues, al valorar esos talones o calcáneos, observamos que estaban en varo, es decir, que se curvaban, como se puede apreciar. Lo que, desde luego, condiciona la distribución de las cargas que se transmiten desde el pie al resto del cuerpo.

Y en la inspección de la cadera se observa que el ilíaco (hueso de la pelvis), donde se inserta a nivel de la cadera el fémur derecho, apenas se movía. Y, por lo tanto, no realizaba bien su función.

Cuando le pedía una contracción de esa cadera derecha, el propio paciente observó que la cadera no se movía y que la fuerza la hacía a nivel de ese hombro, que venía doliéndole últimamente.

Es en ese momento, durante el transcurso de la sesión, cuando el paciente me comenta que tenía dolor desde hacía tiempo a nivel de esa cadera, pero que con reposo se le pasaba.

Lo mismo ocurría a nivel del hombro: observamos que, al intentar hacer el ejercicio con la cadera, le aparecía el dolor en el hombro, descrito como «ese mismo dolor que tengo de vez en cuando».

Y no queda ahí la cosa, porque es en ese momento cuando el paciente ya se sincera y comenta que, la verdad, lleva tiempo sin hacer deporte, porque cada vez que empieza a practicarlo ve que le duelen más estructuras y decide parar.

Por lo que el pie había sido el causante del dolor de rodilla, del dolor de cadera y del hombro y, lo que es más condicionante, había obligado al paciente a no hacer deporte por no saber qué le pasaba y por temor a seguir haciéndose daño.

¿Le ha sorprendido el caso de este paciente? Le puedo asegurar que a mí también me sorprende cada vez. Si lleva tiempo sufriendo dolor en una zona concreta, es lícito preguntarse: ¿el origen del problema está realmente ahí donde le están tratando?

Analogia de la grieta en la pared para explicar la diferencia entre causa y sintoma en el diagnostico osteopatico, Javier de la Nuez, Mairena del Aljarafe

Analogia de la grieta en la pared para explicar la diferencia entre causa y sintoma en el diagnostico osteopatico, Javier de la Nuez, Mairena del Aljarafe

Hay un ejemplo que utilizo con mucha frecuencia en consulta porque ayuda a entender, de una forma muy sencilla, por qué no siempre debemos centrar toda nuestra atención en el lugar donde aparece el dolor.

Imaginemos una vivienda en la que, de repente, aparece una grieta en una de sus paredes. Lo más sencillo sería reparar esa grieta, alisar la pared, darle una mano de pintura y pensar que el problema ha quedado solucionado. Sin embargo, cualquier arquitecto o aparejador sabe que, antes de reparar la grieta, lo primero que debe preguntarse es por qué ha aparecido.

En muchas ocasiones, la grieta no es el verdadero problema. Le puedo asegurar que, si ya le han puesto ese parche en repetidas ocasiones y el problema sigue volviendo, es porque no está ahí. Es simplemente la consecuencia visible de una alteración que se ha producido en otra parte de la estructura del edificio. Puede deberse a un pequeño movimiento en la cimentación, a un asentamiento del terreno o a que las cargas ya no se están repartiendo correctamente.

Con el cuerpo humano ocurre algo muy parecido.

¿El dolor sería la grieta? Más bien es el pobre músculo que está compensando esa descompensación y trabajando el doble para intentar paliar o suplir la función que el cuerpo no está haciendo de forma coordinada.

El dolor es la señal que nos avisa de que algo no está funcionando como debería, pero eso no significa necesariamente que el origen del problema se encuentre exactamente en el lugar donde aparece ese dolor.

Por eso, antes de comenzar cualquier tratamiento, dedicamos tiempo a valorar cómo está funcionando el conjunto del cuerpo. Nuestro objetivo no es tratar únicamente la consecuencia, sino intentar descubrir qué estructura ha dejado de hacer correctamente su función para comprender por qué otra articulación ha terminado sobrecargándose.

Esa forma de razonar es la que nos lleva, en muchas ocasiones, a explorar el pie aunque el paciente haya acudido a consulta porque le duele la rodilla, la cadera o la espalda.

Por ello, en mi clínica jamás está justificado tratar donde duele. No trataré donde le duela; trataré aquella zona que no se mueve y está «cómoda» sin moverse, y así el dolor no se despertará porque esa estructura no estará irritada por tener que trabajar el doble.

Seguiremos con el ejemplo del pie, ¿de acuerdo?

¿Por qué empezamos valorando el pie?

Casos como el que les acabo de compartir son muy habituales en la consulta de un fisioterapeuta especializado en osteopatía, como yo. Sigamos con otros casos reales que veo a diario.

Hace algún tiempo, una paciente acudió a nuestra consulta porque llevaba meses sufriendo un dolor de rodilla que le impedía caminar con normalidad y realizar muchas de las actividades de su vida diaria.

Esta paciente, tras su tratamiento, y considerando yo que ya lo habíamos solucionado de raíz —que no siempre es así—, compartió por su propia voluntad su experiencia en Google y escribió textualmente:

«Fui con problema en la rodilla derecha, y con 4 sesiones me dejó nueva. Ya no tengo dolor, y de nuevo hago vida normal. En la primera sesión pensé que estaba tirando el dinero, pues iba con un problema en la rodilla y ni me la tocó, pero tras comprobar el resultado final le tengo una fe inmensa. Es un gran profesional.»

Pues esta es una reseña que cuenta lo que yo hago realmente en consulta. Aunque a muchos pacientes les pueda sorprender que les trate allí donde yo creo que tiene el problema, me arriesgo, en muchas ocasiones, a que el paciente se vaya a otra clínica por no notar mejoras significativas en la segunda sesión.

Este es mi único enfoque en consulta, y les puedo decir que seguiré siempre en esta línea, asumiendo el riesgo de que haya pacientes que no vean resultados inmediatos, porque ya llevan tiempo con el problema o porque están acostumbrados a remedios rápidos, como infiltraciones o que les traten donde les duele, conformándose con el alivio pasajero.

Les pondré otro ejemplo de las consecuencias de la falta de movilidad del pie. En primer lugar, les comparto unas imágenes para que vean lo complejo que es un pie.

Infografia de anatomia del pie: huesos, musculos, tendones y ligamentos, por la Clinica Javier de la Nuez, osteopatia y fisioterapia en Mairena del Aljarafe

Infografia de anatomia del pie: huesos, musculos, tendones y ligamentos, por la Clinica Javier de la Nuez, osteopatia y fisioterapia en Mairena del Aljarafe

En esta imagen pueden observar que la complejidad del pie no es sencilla, y que las consecuencias de una limitación en su movilidad pueden llegar a transmitirse al resto de las articulaciones del cuerpo.

¿Qué articulación ha dejado de hacer correctamente su función para que otra tenga que compensarla?

Esa pregunta marca la diferencia entre centrar el tratamiento únicamente en el síntoma o intentar comprender cuál puede ser el origen mecánico del problema.

Siguiendo con el ejemplo del pie, les hablaré de otra limitación que comento con frecuencia, también en varios vídeos de mi canal de YouTube.

El pie constituye el primer punto de contacto entre el cuerpo y el suelo: primero absorbe y, después, transmite las cargas del cuerpo mientras caminamos o estamos de pie realizando las distintas actividades.

Veamos una limitación o reducción de la movilidad que trae consecuencias: me refiero a la flexión dorsal del tobillo.

Comparativa de movilidad del pie: flexion dorsal de tobillo normal frente a movilidad reducida y sus compensaciones biomecanicas, Clinica Javier de la Nuez

Comparativa de movilidad del pie: flexion dorsal de tobillo normal frente a movilidad reducida y sus compensaciones biomecanicas, Clinica Javier de la Nuez

Si la flexión dorsal está limitada, ello condiciona que no podamos dar un paso amplio. Si esto sucede en los dos pies, nuestro paso puede verse afectado, reduciendo la amplitud de la zancada.

Pero eso no es lo más habitual. Lo más habitual es que un pie tenga más flexión dorsal que el otro, lo que obliga a la cadera contraria a asumir más carga de trabajo, ya que el cuerpo tiende a tomar un contacto prematuro con el pie contrario al que tiene la limitación en la flexión.

Y así, muchos más casos de alteraciones que, para no extenderme en cuestiones más técnicas, dejaré para otro momento, no sea que este artículo resulte un poco pesado.

Nuestro objetivo no es tratar únicamente donde duele, sino intentar comprender por qué duele.

El dolor es una señal de alarma que el organismo utiliza para avisarnos de que algo no está funcionando correctamente. Y solo mediante un razonamiento clínico completo y una valoración funcional de todas las articulaciones implicadas llegaremos al origen del problema.

¿Qué articulación ha dejado de hacer su trabajo para que otra tenga que hacerlo por ella?

Responder a esa pregunta no significa que siempre encontremos una única causa, ni que todos los problemas comiencen en el pie. Significa que intentamos comprender cómo está funcionando el cuerpo en su conjunto antes de decidir cuál es la mejor estrategia terapéutica para cada paciente.

El pie: una obra maestra de la biomecánica. Las 33 articulaciones que sostienen todo el cuerpo

Si preguntáramos a la mayoría de las personas cuál es la función del pie, probablemente responderían algo parecido a «servir para caminar».

Y aunque esa respuesta no es incorrecta, está muy lejos de reflejar la extraordinaria complejidad de una de las estructuras más sofisticadas del cuerpo humano.

Cada uno de nuestros pies está formado por 26 huesos, 33 articulaciones y más de un centenar de músculos, tendones y ligamentos que trabajan de manera coordinada en cada paso que damos. Todo este conjunto forma una auténtica obra de ingeniería biológica cuya misión va mucho más allá de sostener nuestro peso.

El pie debe ser capaz de adaptarse a superficies irregulares, absorber el impacto de cada apoyo, mantener el equilibrio, impulsar el cuerpo hacia delante y transmitir las fuerzas de forma eficiente al resto de la extremidad inferior.

Y todo ello ocurre de forma automática, miles de veces al día, sin que apenas seamos conscientes.

Precisamente por esa enorme complejidad, cuando una pequeña parte del pie deja de funcionar correctamente, el resto del sistema comienza a adaptarse para que podamos seguir caminando.

El problema es que esas adaptaciones no siempre resultan gratuitas.

Con el paso del tiempo pueden modificar la forma en que trabajan el tobillo, la rodilla, la cadera, la pelvis e incluso la columna vertebral.

Por eso, en nuestra consulta, rara vez consideramos el pie como una estructura aislada. Lo entendemos como el primer eslabón de una cadena biomecánica que comienza en el suelo y continúa hacia el resto del cuerpo.

Por que Javier de la Nuez empieza sus tratamientos de osteopatia por el pie: el origen del dolor no siempre esta donde duele

Por que Javier de la Nuez empieza sus tratamientos de osteopatia por el pie: el origen del dolor no siempre esta donde duele

El pie humano está formado por 26 huesos y 33 articulaciones que trabajan conjuntamente para proporcionar estabilidad, movilidad y capacidad de adaptación al terreno.

¿Por qué tenemos tantas articulaciones en el pie?

Si el pie únicamente tuviera que soportar nuestro peso, probablemente bastaría con unas pocas articulaciones robustas.

Sin embargo, la naturaleza ha seguido un camino completamente distinto.

Nos ha dotado de 33 articulaciones, cada una con un pequeño grado de movimiento, que al actuar conjuntamente permiten una extraordinaria capacidad de adaptación.

Podemos imaginar el pie como una suspensión inteligente. No depende de una única articulación para amortiguar los impactos, sino que reparte el movimiento entre muchas estructuras pequeñas que colaboran entre sí.

Gracias a este diseño, el cuerpo consigue distribuir mejor las fuerzas que recibe en cada apoyo.

Cuando varias de esas articulaciones dejan de moverse correctamente, el pie pierde parte de esa capacidad de adaptación y las cargas comienzan a concentrarse en otras zonas del sistema locomotor.

Por eso, antes de plantear cualquier tratamiento, necesitamos conocer cómo está funcionando esa compleja red de pequeñas articulaciones. Porque, en muchas ocasiones, el problema no reside en una única estructura, sino en la pérdida de movilidad del conjunto.

¿Significa esto que el pie es siempre el origen del problema?

Rotundamente no. Y este es un aspecto muy importante.

Sería un error afirmar que todos los dolores de espalda, rodilla o cuello tienen su origen en el pie.

La biomecánica humana es mucho más compleja. Existen factores relacionados con la musculatura, la movilidad articular, lesiones previas, hábitos de vida, entrenamiento, enfermedades y muchos otros aspectos que también influyen en la aparición del dolor.

Lo que sí observamos con frecuencia es que el pie puede formar parte del problema y, por tanto, también de la solución. Precisamente por eso lo exploramos desde la primera visita.

No buscamos confirmar una teoría. Buscamos comprender cómo está funcionando el cuerpo de cada paciente. Porque cada persona es diferente y cada tratamiento debe adaptarse a sus necesidades.

La valoración biomecánica: cada paciente tiene una historia diferente

Hasta ahora hemos visto por qué el pie puede influir en el funcionamiento del resto del cuerpo y por qué forma parte de nuestra exploración inicial. Sin embargo, esto no significa que todos los pacientes presenten el mismo problema ni que todos necesiten el mismo tratamiento.

De hecho, una de las mayores equivocaciones sería pensar que existe una solución igual para todo el mundo.

Cada persona camina de una forma diferente. Cada articulación se mueve de manera distinta. Cada lesión tiene su propia historia. Y cada organismo desarrolla mecanismos de compensación completamente diferentes.

Por ese motivo, antes de comenzar cualquier tratamiento, realizamos una valoración biomecánica completa cuyo objetivo no consiste únicamente en localizar dónde aparece el dolor, sino en comprender cómo se está moviendo el cuerpo en su conjunto.

En esa valoración analizamos aspectos como la movilidad del pie, la posición del retropié, el comportamiento del tobillo, la alineación de la rodilla, el movimiento de la cadera, la estabilidad de la pelvis y la forma en que todas estas estructuras trabajan conjuntamente durante la marcha.

Nuestro objetivo no es confirmar una idea preconcebida. Es descubrir qué articulación ha dejado de hacer correctamente su función para comprender por qué otra ha comenzado a sobrecargarse.

Esa información es la que nos permite diseñar un tratamiento adaptado a cada paciente. Porque dos personas pueden tener exactamente el mismo dolor de rodilla y, sin embargo, necesitar tratamientos completamente diferentes.

Estudio de la pisada

Estudio de la pisada

No tratamos radiografías. Tratamos personas. Este análisis forma parte de la valoración del paciente en consulta y nos ayuda a sospechar si carga de forma compensada o descompensada.

Yo siempre hago una misma pregunta, y de ahí el significado de mi logotipo y de mi eslogan: ¿los coches deben estar bien alineados y con las presiones de los neumáticos bien reguladas? ¿Y los edificios, bien cimentados? ¿Y nosotros no necesitamos estar en equilibrio?

Uno de los aspectos más importantes de nuestra forma de trabajar es entender que no existen dos pacientes iguales. Una misma lesión puede tener causas completamente distintas según la persona que la padezca. Por eso evitamos aplicar protocolos idénticos para todos.

Cada tratamiento comienza con una valoración individualizada que nos permite comprender cómo se mueve ese paciente en concreto y cuáles son las estructuras que pueden estar participando en la aparición del problema.

Solo entonces decidimos cuál es la mejor estrategia terapéutica.

¿Por qué el pie pierde movilidad con el paso del tiempo?

Cuando durante la exploración encontramos un pie con poca movilidad, la siguiente pregunta es casi inevitable: ¿por qué ocurre? ¿Qué ha pasado para que una estructura diseñada para moverse haya ido perdiendo esa capacidad con el paso de los años?

La respuesta, como sucede casi siempre en biomecánica, no suele depender de una única causa. Normalmente es el resultado de muchos pequeños cambios que se van acumulando con el tiempo hasta modificar la forma en que el pie trabaja durante la marcha.

Si observamos la evolución del ser humano, veremos que nuestros pies fueron diseñados para adaptarse continuamente al terreno. Durante miles de años caminamos descalzos o con un calzado muy sencillo sobre superficies irregulares: tierra, arena, piedras, hierba o pendientes. Cada paso obligaba a las articulaciones del pie a moverse, adaptarse y responder a estímulos diferentes. Esa actividad constante mantenía la movilidad de sus articulaciones y permitía que toda la extremidad inferior trabajara de forma coordinada.

Hoy nuestro entorno es completamente distinto. Pasamos muchas horas sentados, caminamos sobre superficies prácticamente planas y utilizamos un calzado que, en muchas ocasiones, limita parte del movimiento natural del pie. A ello se suma un estilo de vida cada vez más sedentario y una menor exposición a terrenos que obliguen al pie a adaptarse de manera continua.

Todo ello no significa que el calzado sea el único responsable ni que caminar descalzo sea la solución para todos los problemas. Sería una simplificación que no se ajusta a la realidad. Sin embargo, sí parece razonable pensar que una estructura que apenas utiliza toda su capacidad de movimiento puede terminar perdiendo parte de esa función con el paso del tiempo.

En consulta observamos con frecuencia que muchas personas conservan suficiente movilidad para caminar, pero han perdido la capacidad de adaptarse con eficacia cuando las exigencias mecánicas aumentan. Esa pérdida de función puede pasar completamente desapercibida durante años, porque el organismo desarrolla estrategias para seguir moviéndose. El problema aparece cuando esas estrategias dejan de ser suficientes y alguna estructura comienza a soportar una carga excesiva.

Por eso, cuando valoramos un pie, no buscamos únicamente una articulación que se mueva más o menos. Intentamos comprender si ese pie sigue siendo capaz de cumplir las funciones para las que fue diseñado: adaptarse al terreno, absorber las cargas, proporcionar estabilidad cuando es necesaria y transmitir el movimiento al resto del cuerpo de la forma más eficiente posible.

¿Cómo intentamos recuperar la función del pie?

Una vez identificamos las posibles alteraciones durante la valoración biomecánica, comienza una parte del tratamiento que consideramos fundamental: intentar devolver al pie la función que ha ido perdiendo con el paso del tiempo.

Y aquí conviene aclarar algo importante. El objetivo no consiste únicamente en conseguir que una articulación se mueva más. Lo que buscamos es que vuelva a participar de forma eficaz en la marcha y en el reparto de las cargas, siempre dentro de las posibilidades de cada paciente.

Para conseguirlo no existe una única técnica ni un protocolo idéntico para todos. El tratamiento se adapta a la historia clínica, la exploración física, la movilidad disponible, la edad, el nivel de actividad y los objetivos de cada persona.

En algunos pacientes será necesario recuperar la movilidad de determinadas articulaciones mediante terapia manual. En otros, el trabajo se centrará en mejorar el control motor, la estabilidad o la fuerza de la musculatura que participa en el funcionamiento del pie y de toda la extremidad inferior.

Por ese motivo, desde las primeras sesiones solemos incorporar ejercicios terapéuticos específicos. Nuestro objetivo es que el paciente no solo mejore durante la consulta, sino que también aprenda a mantener esa mejoría en su vida diaria.

La combinación entre la terapia manual, el ejercicio terapéutico y la educación del paciente constituye uno de los pilares de nuestra forma de trabajar.

Ejercicios que puede ir haciendo para mejorar la movilidad del pie

1.º Ejercicio: activación del pie corto (short foot)

Objetivo: activar la musculatura intrínseca del pie y elevar el arco plantar sin flexionar los dedos.

[INSERTAR IMAGEN Y SU NOMBRE: ejercicio-pie-corto-short-foot-osteopatia-mairena-aljarafe.jpg — ejecución del ejercicio de pie corto]

2.º Ejercicio: separación activa de los dedos

Objetivo: mejorar el control motor de los dedos, fortalecer la musculatura intrínseca y favorecer la alineación del hallux.

separacion activa de los dedos

Separacion activa de los dedos

3.º Ejercicio: carga excéntrica con extensión del hallux

Objetivo: tensar la fascia plantar de forma funcional mientras se fortalecen los flexores del pie durante la bajada controlada.

Ejercicio carga excentica con extension

Ejercicio carga excentica con extension

4.º Ejercicio: anclaje del primer radio (first ray anchor and pull)

Objetivo: activar el peroneo lateral largo y el tibial posterior para estabilizar el primer radio, mejorar el arco plantar y aumentar la estabilidad del antepié.

ejercicios anclaje del primer radio

Ejercicios anclaje del primer radio

 

Y, sin duda, la joya de la corona: el ejercicio que siempre recomiendo y que mando a todos los pacientes en los que sospecho una cadena, o futura cadena, ascendente. A quienes vienen por dolores de cabeza, inestabilidad, dolor de cadera, lumbar, de hombro, de rodilla, casi de todas las dolencias.

5.º Ejercicio: pisar una pelota de pádel o tenis

Automasaje plantar con pelota de padel para liberar la fascia plantar, ejercicio recomendado por la Clinica Javier de la Nuez en Mairena del Aljarafe

Automasaje plantar con pelota de padel para liberar la fascia plantar, ejercicio recomendado por la Clinica Javier de la Nuez en Mairena del Aljarafe

Por mi experiencia, he observado que conseguimos mejores resultados dejando el pie quieto, simplemente posado sobre la pelota, que moviéndolo. Y, desde luego, siempre sin generar dolor.

Si duele, lo recomendable es posar el pie en otra zona antes que insistir en el mismo punto: dejarlo ahí, debajo, quieto, es lo que nos ayuda a relajar la fascia plantar, íntimamente relacionada con toda la cadena conectiva que nos permite mantenernos erguidos.

Integración funcional

Una vez que el paciente consigue realizar correctamente estos ejercicios, progresamos hacia tareas cada vez más funcionales, incorporando el equilibrio, la marcha y los movimientos propios de su actividad diaria o deportiva.

Nuestro objetivo no consiste únicamente en fortalecer el pie. Buscamos que vuelva a adaptarse al terreno, absorber las cargas y transmitirlas correctamente al resto de la extremidad inferior.

Objetivo principal

Integrar movilidad, estabilidad, fuerza y control motor en movimientos funcionales similares a los que realizamos durante las actividades de la vida diaria y la práctica deportiva.

La recuperación del pie no consiste únicamente en aliviar el dolor. El verdadero objetivo es conseguir que vuelva a moverse, estabilizarse y adaptarse al terreno de la forma más eficiente posible. Para ello, los ejercicios deben progresar de manera individualizada y adaptarse a la evolución de cada paciente.

La terapia manual puede ayudar a recuperar la movilidad de una articulación, pero será el ejercicio terapéutico el que permita integrar esa mejoría en los movimientos cotidianos. Por eso ambas herramientas forman parte del mismo tratamiento y no deben entenderse como opciones independientes, sino como intervenciones complementarias orientadas a recuperar la función.

Un pie funcional debe combinar movilidad y estabilidad en cada paso. Primero necesita adaptarse al terreno y absorber las cargas que se generan durante el apoyo. A continuación, debe convertirse en una estructura estable, capaz de transferir esas fuerzas de manera eficiente al tobillo, la rodilla, la cadera, la pelvis y la columna, favoreciendo un movimiento coordinado, equilibrado y eficiente.

Preguntas frecuentes

¿Volveré a hacer deporte con normalidad?

En la mayoría de los casos, sí, aunque el plazo y el proceso dependen de cuánto tiempo lleve instaurada la compensación y de cómo responda cada paciente al tratamiento. El objetivo no es solo que desaparezca el dolor, sino recuperar una mecánica de movimiento que le permita volver a su actividad con confianza.

¿Qué dice la ley española sobre la osteopatía?

Conviene conocer el marco legal, porque también ayuda a entender por qué recomendamos acudir a un profesional con una formación sanitaria reconocida. En España no existe una ley que regule «osteópata» como profesión sanitaria independiente. La Ley 44/2003 de Ordenación de las Profesiones Sanitarias (LOPS) regula profesiones como la medicina o la fisioterapia, pero no reconoce a la osteopatía como una titulación propia. El Real Decreto 1001/2002, por su parte, establece que las funciones del fisioterapeuta incluyen expresamente la osteopatía, la quiropraxia y otras terapias manuales.

Esta situación fue ratificada por el Tribunal Supremo en su sentencia 3993/2021, del 3 de noviembre de 2021, que estableció que la osteopatía, la quiropraxia y el masaje terapéutico son procedimientos propios de la fisioterapia y solo pueden ejercerse por profesionales sanitarios —fisioterapeutas colegiados— y dentro de un centro sanitario.

¿Qué significa esto para usted como paciente?

En la práctica, significa que quien tiene la formación y el respaldo legal para ofrecerle tanto un enfoque biomecánico global como, si procede, técnicas propias de la osteopatía, es el fisioterapeuta-osteópata: un profesional sanitario colegiado que además se ha formado en osteopatía. Esa combinación le garantiza que quien le atiende cuenta con la formación sanitaria de base, cumple con la normativa vigente y puede ofrecerle ese enfoque global sin depender de un único tipo de técnica.

¿Puedo combinar médico, fisioterapeuta y osteópata a la vez, o es contraproducente?

En muchos casos, combinar profesionales no solo no es contraproducente, sino recomendable, siempre que exista comunicación entre ellos y un objetivo común. Lo que conviene evitar es recibir tratamientos contradictorios sin que nadie tenga una visión de conjunto del caso.

¿Necesito que me derive un médico o puedo pedir cita directamente?

Puede pedir cita directamente con el fisioterapeuta, sin necesidad de que ningún médico le derive antes. El fisioterapeuta es el profesional especializado en recuperar la funcionalidad desde el primer momento, es decir, desde que aparece el dolor. Dicho esto, si tiene un seguro médico privado, merece la pena que revise las condiciones de su póliza: algunas compañías exigen que sea su propio médico quien prescriba las sesiones para poder cubrirlas o reembolsarlas, por lo que en esos casos puede compensarle pasar primero por ese médico en lugar de acudir directamente por su cuenta. Si opta por la sanidad pública, tenga en cuenta que el circuito suele pasar por el médico de cabecera y que los tiempos de espera para fisioterapia acostumbran a ser más largos que en la vía privada. La decisión depende, en buena medida, de cuánto le urja empezar y de qué cubra exactamente su seguro.

Lo que dicen los clientes de la Clínica Javier de la Nuez y el tratamiento osteopático o dolores de espalda

Francisco Fernandez

«Después de un año sin poder ni ponerme los zapatos, con 4 protrusiones discales lumbares y leve estrechamiento del canal medular, acudí a Javier. Vengo todas las semanas desde principios de año y soy otro: ya me levanto por las mañanas y hago mi vida con normalidad. Un profesional excepcional.»

Carmen Moreno

«Llevo toda la vida con problemas de espalda y dolores lumbares y cervicales que iban a más. Decidí ponerme en manos de Javier y desde el primer minuto me explicó que sin ejercicio específico no me recuperaría. Además del tratamiento en consulta me ha ido enseñando pautas para casa. Después de 5 sesiones me encuentro muchísimo mejor y han desaparecido dolores con los que convivía desde siempre.»

Marilo Rincon Ferrari

«Acudo con dolor lumbar crónico y Javier ha sido un auténtico cambio. Su tratamiento fisioterapéutico me ha ayudado a controlar el dolor desde las primeras sesiones. Me enseñó ejercicios para casa fáciles y adaptados a mí, y en consulta realiza una manipulación muy precisa y efectiva. Trato cercano, profesional y con mucha dedicación. Muy recomendable.»

Juan Manuel García Platero

«Un enorme profesional. Tengo problemas de mandíbula, hombro y glúteo y con su tratamiento integral estoy mucho mejor. Me curó de una ciática muy dolorosa. Un osteópata excelente con un trato exquisito con sus pacientes. Totalmente recomendable.»

Fuentes

 

 

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clinica osteopatica javier de la nuez La salud esta en el equilibrio
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